sábado, 17 de diciembre de 2011

Centenario de la muerte de Rafael Barrett

Nacido en España, Rafael Barrett tal vez sea un desconocido en su tierra natal mientras que en América, que lo acogió, su memoria está presente entre los que cultivan el ideal internacionalista y libertario que no cree en fronteras ni gobiernos.

N.A.
Organización Obrera, 33 (Enero-Febrero/2010)
FORA-AIT


Nacido en Torrelavega (España) el 7 de enero de 1876, Rafael Barrett era de origen aristocrático, sabemos que a los 26 años emigró a América del sur y recayó en Buenos Aires, de Argentina viaja a Paraguay, donde por fin encuentra su lugar en el mundo. Allí nace en Barrett un hombre nuevo, Se implica decididamente en la denuncia de la injusticia social, se aproxima al anarquismo al que adhiere desde una perspectiva personal. Es apresado y desterrado primero al Matto Grosso brasileño y finalmente a Montevideo. En Uruguay conecta enseguida con las vanguardias intelectuales uruguayas. Pero la tuberculosis le aprisiona y regresa al Paraguay en cuanto los caudillos de turno se lo permiten. Viaja a Europa en un intento desesperado de curación. Muere en Arcachón con 34 años, el día 17 de diciembre de 1910.

La obra de Rafael Barrett es en general poco conocida. Corta como su propia vida, se publicó casi íntegramente en periódicos de Paraguay, Uruguay y Argentina. Hoy es estudiado y hasta se le rindieron homenajes en su ciudad natal, reconocimiento que él mismo nunca buscó, ya que se caracterizó más por su denuncia feroz de la injusticia social que por alquilar su pluma a las acomodadas conciencias burguesas de la época. Se dedica al periodismo como una forma de subsistencia y de manifestación de su conciencia crítica. En Buenos aires trabajó para el diario El Correo Español y es por esa época donde empieza a ver la realidad social y a percibir las profundas contradicciones que estremecían a una sociedad fundada en la miseria humana. De esa primer época es su articulo «Buenos Aires», que tan crudamente relata la miseria de la gran metrópoli próxima a su primer centenario, y termina el articulo diciendo: «¡También América! Sentí la infamia de la especie en mis entrañas. Sentí la ira implacable subir a mis sienes, morder mis brazos. Sentí que la única manera de ser bueno es ser feroz, que el incendio y la matanza son la verdad, que hay que mudar la sangre de los odres podridos. Comprendí, en aquel instante, la grandeza del gesto anarquista, y admiré el júbilo magnífico con que la dinamita atruena y raja el vil hormiguero humano.»

Expulsado de Argentina, se refugió en Asunción, donde no cesará su brutal denuncia y su lucha por la redención social, con su conocida obra Lo que son los yerbales, Será allí donde manifestará su profesión de fe anarquista «Anarquista, dice, es el que cree posible vivir sin el principio de autoridad». Como es esencial al pensamiento libertario, Barrett abomina al Estado en su doble faceta de opresor y explotador, y expresa la complementariedad de esas dos funciones en una frase de contundente sincretismo: El Estado roba con una mano y degüella con la otra. Con la publicación de la serie de artículos «Lo que son los yerbales paraguayos», en los que revela la explotación esclavista de los mensús por las empresas yerbateras, Barrett se enfrenta a poderosos intereses económicos y políticos. Se le comienzan a cerrar las páginas de los diarios en los que publicaba y comienza también a sentir el progresivo rechazo de la intelectualidad local, lo que le conduce a un penoso aislamiento, al no encontrar un núcleo suficientemente amplio de población ajena a eso grupos que pudiera suplir el rechazo de sus interlocutores naturales. Como amargamente confiesa, «la costumbre de pensar a todas horas tiene algo de vicio bochornoso ante el común de las gentes, y me ha convertido en un ser inútil, a veces nocivo, odiado, despreciado».

En el Paraguay se casa con una joven de la aristocracia asuncena (que abandonó por él su lugar en la alta sociedad), y nace su único hijo Alex Barrett. En esta tierra guaraní Barrett se organiza y pronuncia conferencias a los obreros paraguayos, lucha con ellos, funda la revista Germinal, y es desterrado (dejando a su mujer y su hijo) al Brasil. Ahí pasa a Montevideo, donde se rodea del ambiente intelectual y libertario que por entonces empapa la capital Uruguaya. Allí se quedará sólo cuatro meses y decidirá volver al Paraguay, para ese entonces la enfermedad que mina su organismo lo ira reduciendo hasta ser físicamente «un fantasma de si mismo», desesperado parte hacia Francia buscando un tratamiento contra la tuberculosis. Allí finalmente el 17 de diciembre su vida se extingue, mas no su palabra, fundida en la sangre y en la conciencia de la humanidad oprimida.

CNT, 384 (Diciembre 2011)

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