lunes, 8 de agosto de 2011

¡Peligro, que viene el Papa!


Este mes de agosto, el Papa Benedicto XVI visita Madrid. No nos resulta grata esta visita por varios motivos: en primer lugar, este viaje va a suponer un gasto para los madrileños que, sin haber sido preguntados, cederemos espacios e infraestructuras públicas para usos privados en condiciones privilegiadas a las que no podemos acceder otras asociaciones u organizaciones.

Por otro lado, el Papa es el máximo jerarca de una organización religiosa cuya historia está llena de crímenes y por la que sentimos un fuerte rechazo. Enemiga de la justicia social y del progreso humano, esta institución también es enemiga de la igualdad social (y entre hombres y mujeres), del pensamiento crítico, de la libertad sexual, del humanismo, etc.

No podemos dejar a un lado un aspecto fundamental, no relacionado con el Papa Benedicto XVI o con la Iglesia Católica Apostólica y Romana, sino con las religiones en sí mismas: ese aspecto es la crítica a una superstición que somete al ser humano a una voluntad superior, creadora y primigenia. Dicho sometimiento supone una negación del ser humano como ser libre.

1. ¡Peligro, que viene el Papa!/ La crisis no llega al Vaticano

La crisis causada por la banca y que estamos pagando los trabajadores no afecta a la Iglesia Católica. O al menos eso parece, porque de otro modo es injustificable el gasto que va a suponer la Jornada Mundial de la Juventud. A través de un periódico­empresa cualquiera podemos observar que se está manejando un presupuesto de 47 a 54 millones de euros en esta jornada. Pero en estos cálculos no aparece lo que tienen que pagar los madrileños por este acontecimiento: el presupuesto para «seguridad» pagado por los madrileños, la limpieza pagada por los madrileños, la cesión gratuita del Paseo de Recoletos, la plaza de Cibeles, la sede del Ayuntamiento, el aeródromo de Cuatro Vientos, el Palacio de Congresos o el Palacio de los Deportes; descuentos especiales en los transportes públicos para los asistentes; o la elaboración de un programa específico para los Veranos de la Villa. Todo pagado por los madrileños.

2. ¡Peligro, que viene el Papa!/ La Iglesia una organización criminal

Enumerar los crímenes de la Iglesia Católica desde la Edad Media hasta la actualidad daría como mínimo para miles de páginas. De hecho, para quien tenga un mínimo interés en conocer los crímenes perpetrados o amparados por la Iglesia recomendamos a Karlheinz Deschner, un autor que ha publicado obras como Historia criminal del Cristianismo o El anticatecismo: doscientas razones en contra de la Iglesia y a favor del Mundo.

3. ¡Peligro, que viene el Papa!/ La Iglesia Católica y la religión contra el hombre

Que la idea de religión está estrechamente ligada a la superstición es evidente, pero obviamente siglos de oscurantismo hacen que la idea de Dios pese sobre casi toda la humanidad como una carga de la cual resulta casi imposible desprenderse por completo.

No es extraño encontrar en todas las religiones algunas virtudes comunes ensalzadas como deseables o incluso imprescindibles:

–La sumisión y el conformismo suelen ser virtudes muy bien consideradas por las distintas doctrinas religiosas del mundo. Así nos lo recuerda Napoleón Bonaparte que señala que «La religión es un excelente material para mantener quieta a la gente normal».

–La fe y la devoción. Como la fe entra en constante conflicto con la razón, no es extraño que la religión considere como una virtud una cierta forma de irracionalismo (aunque esto, evidentemente, nunca se hará de forma explícita). En este sentido, se construye una verdad absoluta e inamovible que es el dogma iluminado por el cual se ataca todo lo que pueda cuestionarlo. Debido a que la fe supone un sometimiento de la experiencia, de la razón, del conocimiento… se puede llegar a justificar cualquier acción como así lo demuestra la historia de la humanidad. Dice Julian Huxley: «Recuerdo la historia del filósofo y el teólogo. Ambos se enzarzaron en una disputa y el teólogo recurrió a la vieja frase de que un filósofo es como un ciego en una habitación a oscuras, buscando un gato negro que no está allí. “Puede ser —dijo el filósofo—, pero un teólogo lo hubiera encontrado”».

Además no queremos olvidar algo apuntado anteriormente: el principio religioso es la máxima expresión del principio de autoridad. Es el mayor de todos porque la idea de dios enajena al hombre pues aquél se erige en principio y fin de todas las cosas, convirtiendo al ser humano en poco más que un títere. La idea de dios supone el mayor de todos los sometimientos del ser humano en cuanto ser individual que busca el logro de su absoluto autogobierno y el control de todos los aspectos de su vida en sus vertientes individual y colectiva.

«La religión dejará de ser necesaria cuando el hombre sea lo suficientemente inteligente como para gobernarse a sí mismo (Francisco Ferrer Guardia.)

CNT-AIT Madrid


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