lunes, 16 de octubre de 2017

CNT denuncia la irresponsable política forestal y de extinción de incendios de la Xunta


 El sistema vuelve a colapsar ante una emergencia que se repite año tras año. Las instituciones continúan haciendo oídos sordos ante las reclamaciones de personal y medios de los plantillas contraincendios.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, pide «un mínimo de sensibilidad y responsabilidad» a los incendiarios. Entretanto, se declaran más de un ciento de nuevos focos en Galicia este fin de semana. Después de miles de hectáreas calcinadas y de tener que lamentar la pérdida de vidas humanas, los responsables directos echan balones fuera y le echan la culpa a otros, incluido a Portugal.

Desde la CNT no es la primera vez que se denuncia la falta de voluntad política para solucionar lo que es una emergencia de primer nivel. Ni existen medios para la prevención de incendios ni tampoco para sofocarlos, como pone de manifiesto que hace apenas unos días, aun estando en condiciones de alto riesgo incendiario, se les finiquitó el contrato a cientos de trabajadoras/os del SEAGA para volver a recontratarlas/los 48 horas más tarde.

La sección sindical en los GES de A Guarda denunció en varias ocasiones a falta de medios y se hizo patente la falta de interés tanto de ayuntamientos, como de diputaciones, como del consorcio contraincendios.

La falta de planificación y la irresponsable política forestal y de extinción de incendios lleva a la pérdida del patrimonio medioambental gallego. La mayor riqueza de la Galicia está en manos de personas ineptas que año tras año tropiezan en la misma piedra y que ni aprenden ni quieren aprender.

Desde la CNT llamamos a participar en todas las movilizaciones que tengan lugar en los próximos días, comenzando por las que incluso hoy hay convocadas en diversas ciudades y villas de la Galicia...


domingo, 15 de octubre de 2017

La rebelión juvenil y la Contracultura


TIERRA Y LIBERTAD
Nº 350 - septiembre 2017

En la década de los 60, la juventud se rebeló en la mayoría de los países del mundo, pasando en varios lugares a la lucha callejera, a movilizaciones sociales o incorporándose a las guerrillas. No se ha vuelto a ver esa insurrección generalizada entre los jóvenes. Una serie de factores se conjuntaron para que esto fuera posible sólo en esta década.

En los años 50, en la música, surge el rock and roll, fusionando la música de los negros, el blues de los campos y barrios pobres, el soul y el góspel de las iglesias, el rhythm and blues, la música folk y country del campo, el hilbilly, el jazz, el swing, boogie woogie, etc. Todas estas músicas marginales o discriminadas, se van fusionando y logran la aceptación y difusión masiva, en la radio y en la televisión cuando cantantes blancos, como Elvis Presley y Bill Halley, cantan la música negra fomentando la unión y diversión entre blancos y negros. Esta integración racial, movida por la industria de los discos y el entretenimiento, iba detrás de la lucha de los negros por sus derechos civiles.

La señora negra Rosa Parks, tenía 42 años cuando se rebeló contra el chofer del autobús, y se negó a darle su lugar a un blanco y pasar atrás del autobús, a la sección de negros. Eso le costó la cárcel el 1 de diciembre de 1955. El pastor baptista Martin Luther King, un desconocido entonces, llevó una protesta a los autobuses públicos de Montgomery, y organizaron un boicot contra ellos por segregacionistas. Al dejar los negros de usar el transporte público, quebraron y llevaron su protesta a la Corte Suprema de Justicia demandando a Montgomery y Alabama por racistas y ganaron, quitando la segregación racial de los autobuses. Y siguieron luchando ya que el racismo era legal y socialmente muy fuerte.

La música del rock se diseminó por el mundo, fusionándose con otras músicas locales y despertando en los jóvenes un deseo de cambio en su vida pocas veces visto. Canalizaban en la música su frustración y desarrollaron diferentes modas como los beatniks, los hippies, en EEUU, los mods y los teddy boys, en Inglaterra, los blousons noirs en Francia, los provos de Holanda y los porros universitarios en México, que lo mismo bailaban rock and roll que danzón, mambo o cha-cha-chá.

A nivel mundial, The Beatles, The Doors, The Rolling Stones y varios grupos, le dieron un fuerte impulso al rock, creando una identidad juvenil a contracorriente del sistema, que atacaba las instituciones fundamentales de la sociedad: la familia, la escuela, el trabajo, el dinero y el Gobierno.

La contracultura juvenil desarrolló diferentes ataques y propuestas contra la moral social y el culto al dinero y el poder. Los jóvenes exaltaban la rebeldía contra la moral establecida, la libertad contra trabajos mediocres y alienantes; la paz, ya que morían muchos en Vietnam sin entender cómo promovían la democracia arrojando napalm y fósforo blanco contra mujeres y niños en las aldeas vietnamitas.

La contracultura juvenil propuso el regreso a la naturaleza con el vegetarianismo, el desnudismo, el campismo, la meditación, la práctica de filosofías orientales para encontrar un sentido de vida, el uso de drogas para crear estados alterados de conciencia para conocerse mejor o simplemente para divertirse, el amor libre sin ataduras matrimoniales, las comunas como alternativa a la familia tradicional, la revolución sexual reivindicando el derecho al placer sin reproducción sexual como exigía la religión, el uso de anticonceptivos que liberó a la mujer del miedo al embarazo y le permitió explorar su sexualidad, la reivindicación de los derechos de las mujeres, los negros, los gays, los pobres, los marginados, los bohemios; retornaron algunas vanguardias artísticas y filosóficas como el dadaísmo, el surrealismo, el existencialismo, el nihilismo, el anarquismo, el situacionismo, etc.

En lo político, se vive la Guerra Fría entre la URSS y EEUU. Con la Revolución cubana, se rompe el monopolio de EEUU sobre Latinoamérica y la esperanza de un cambio revolucionario motiva a la juventud latinoamericana. Cuba exporta al Che Guevara como la esperanza del cambio. Pero una vez en el poder Fidel Castro, rompe su alianza con EEUU y se alinea al comunismo y la URSS, desatando una feroz represión contra el anarquismo en Cuba y demostrando que la Dictadura del Proletariado masacra a todos los que estén fuera del Partido Comunista. De la misma manera, en Praga, Checoslovaquia, los tanques rusos defienden el poder comunista luchando contra la rebelión juvenil y social que pedía libertades básicas. Así el pesimismo campea al ver la represión en Europa del Este por la URSS.

Sin embargo los jóvenes europeos ven claramente que la solución no es el capitalismo salvaje de EEUU ni la dictadura «proletaria» de la URSS. En Francia, Guy Debord critica la moral hipócrita de la Nueva Sociedad del Consumo, fundada en el dinero y el despilfarro, en no saber distinguir lo necesario de lo superfluo.

En Alemania, Rudi Dutschke y los jóvenes se niegan a seguir aceptando un mundo que habla de paz pero tolera la guerra; un mundo que habla de libertad pero que acepta la hipócrita democracia capitalista, un mundo que habla de igualdad y socialismo, pero que tolera la perversión del socialismo burocrático.

En Estados Unidos, Herbert Marcuse, respaldó y fundamentó la protesta juvenil criticando la triple tiranía: la economía, la política y la técnica. No lo podían acusar de «comunista», pues era un crítico radical de la URSS. Decía que la sociedad capitalista, dominada por el despilfarro, el culto al dinero y la sumisión al poder, se volvería un fascismo blanqueado, una democracia militarizada, en la que el individuo sería su propio esclavo, adicto al consumismo.

En Francia, en marzo de 1968, los estudiantes piden prolongar el horario nocturno de la Residencia de Estudiantes y suprimir en ella la separación de sexos. El rectorado se niega y los estudiantes se van a la huelga en Nanterre, luego en París. El 11 de mayo, el presidente De Gaulle ataca a los estudiantes en la Televisión. Dijo: «Los estudiantes no saben lo que quieren. ¿Qué quieren? Son nihilistas. Son anarquistas».

El 14 de mayo los estudiantes fueron a las fábricas para celebrar asambleas con los trabajadores. Los obreros de la Renault, en París, decidieron declararse en huelga y ocupar la fábrica. Los jóvenes convocan a realizar una revolución socialista. La huelga general se extendió por toda Francia y paralizó el país, con las fábricas ocupadas, y el apoyo del Barrio Latino. El Gobierno negocia con los dirigentes sindicales comunistas y cristianos: pactan un aumento general de salarios del 38 por ciento mensual; vacaciones pagadas de treinta días para los trabajadores; extensión de la seguridad social a toda la población laboral, y jubilación del cien por cien del salario. La aristocracia obrera y las clases medias y altas apoyan al gobierno y marchan cerca de 300.000 personas en París. Los líderes sindicales mediatizan a los obreros y entregan las fábricas el 7 de junio. La ocupación de universidades persiste hasta el 16 de junio. Ese día es desalojado el Odeón. El sueño de una revolución en Francia termina. Fin de la rebelión.

En México se conjuga la rebelión juvenil con la violenta represión a los estudiantes, desde la pelea de preparatorianos en Balderas, ellos se unen contra la policía y empieza a crecer un movimiento de protesta que reúne a 300.000 personas marchando al Zócalo el 27 de agosto de 1968. El lugar sagrado del Poder, el corazón de la ciudad es recuperado por el pueblo. Se rompe el tabú, de que sólo los borregos acarreados podían marchar al Zócalo. Pero el Gobierno usa al ejército y tanques para desalojar al movimiento de protesta. Las imágenes de los tanques atacando a la gente, recuerdan la Primavera de Praga. El Gobierno ataca ferozmente al movimiento juvenil y los acusa de comunistas, rebeldes sin causa, drogadictos, delincuentes, etc. El movimiento crece y para demostrar su disciplina y orden, convocan a la Gran Marcha del Silencio, el 13 de septiembre. Más de 500.000 personas protestando en orden y silencio. Sólo se oía el ruido de los pasos y los aplausos de la gente al verlos pasar. Es la marcha más grande realizada en México hasta la fecha.

El 2 de octubre, se convoca a una marcha que partiría de la Plaza de las Tres Culturas. Pero cuando los estudiantes vieron que el ejército acordonó toda el área de Tlatelolco, pensó que era para bloquear la marcha y decidió quedarse ahí. Al realizar el mitin, el Batallón Olimpia disparo indiscriminadamente a la gente. El ejército cerró la plaza y masacró a toda la gente. La plaza quedó llena de zapatos perdidos y sangre que cubría toda la plancha. Los cadáveres fueron incinerados en el Campo Militar número 1.Toda la masacre fue filmada por el Gobierno y hasta la fecha no ha desclasificado las cintas. Nadie fue castigado y los principales asesinos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, fueron apoyados por el PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el PAN (Partido Acción Nacional). La impunidad se volvió la norma en México y por eso muchos jóvenes se fueron a la guerrilla, pero fueron exterminados por la Brigada Blanca, La Dirección Federal de Seguridad y el ejército.

El movimiento trató de volver a la calle el 10 de junio de 1971, pero nuevamente fue reprimido con golpeadores profesionales, los «halcones» y la policía.

El rock mantenía su poder de convocatoria y en Avándaro reunió a más de 500.000 jóvenes, el 11 y 12 de septiembre de 1971. El Poder nos tuvo miedo y decretó la ilegalidad del rock, promoviendo el ostracismo social contra los jóvenes. Ser estudiante o rockero, se volvió un crimen. Una feroz campaña en los medios acusó a los jóvenes jipitecas de drogadictos, vándalos y degenerados. La contracultura juvenil sufrió el desprecio social, el acoso policial y la represión sostenida; hasta llegar a la mediocre normalidad del país donde no pasa nada. Pero el espíritu libertario no puede ser enterrado y de diversas maneras renace cada año en los nuevos jóvenes que continúan la lucha.


jueves, 12 de octubre de 2017

Acerca de tormentas y de brújulas


Por TOMÁS IBÁÑEZ

Es en los momentos convulsos, complejos, y tormentosos cuando se torna más apremiante consultar las brújulas para evitar extraviarnos. Sin embargo, también es en el estruendo de la tormenta cuando resulta más difícil confiar en sus indicaciones. Por eso es necesario no dejarse arrastrar por la vorágine de unos acontecimientos que se suceden con extrema rapidez y que demandan prontas respuestas. Por eso es preciso, aunque solo sea por un momento, «alzar la vista» más allá del contexto inmediato, tomar cierta distancia con la tormenta, y procurar vislumbrar hacia que horizonte nos empujan los actos a los que la situación parece emplazarnos.

Desde la simpatía, el aprecio, y la comprensión, que siento por muchos de los libertarios que se involucran en las actuales movilizaciones en Cataluña, no se me escapa, sin embargo, que están favoreciendo [han favorecido], de forma totalmente involuntaria, el proceso diseñado por el Gobierno catalán y por las formaciones nacionalistas para crear «un nuevo Estado».

Está claro que ese no es su objetivo, todo lo contrario, y que esa no es la razón por la cual exponen sus cuerpos en una paradójica «defensa de las urnas», o convocan huelga general en practica contigüidad temporal con el referéndum sobre la creación del nuevo Estado.

Sus objetivos van desde contribuir a «destruir el Estado español» (¡ojalá eso se consiga!), hasta avanzar hacia una situación donde se pueda «decidirlo todo», y no solo la forma política del territorio, pasando por la perspectiva de radicalizar la actual conflictividad alentando la creatividad y las chispas de auto organización que afloran en la población. Algunos acarician incluso el sueño de una (improbable) insurrección popular que abra el camino hacia una autentica «autonomía», en el sentido fuerte de ese termino que va mucho más allá de la autodeterminación de los pueblos.

Esos objetivos, así como el ineludible compromiso con la lucha contra la represión ejercida por el Estado sobre quienes desafían sus leyes, me merecen el más absoluto respeto. Ahora bien, también es obvio que la actuación de esos compañeros aporta su granito de arena al desarrollo del proyecto independentista, o mejor dicho, nacionalista, que es como conviene denominarlo, puesto que no pretende «independizar» cualquier cosa, sino, muy específicamente una «nación».

Si dicha contribución me preocupa, no es porque conduzca a propiciar la creación de un nuevo Estado, a final de cuentas nos tocara seguir luchando en su seno al igual que lo estamos haciendo en el seno del actual, sin que el cambio del marco estatal suponga una diferencia cualitativa que merezca especial mención. Vivir en un nuevo Estado nos trae sin cuidado, sin embargo, la principal repercusión negativa que se desprenderá de nuestra participación en el actual conflicto es que nos tocará, a nosotros y a los trabajadores involucrados, «pagar los platos rotos» del enfrentamiento entre el Estado instituido y el Estado naciente, como les va a pasar, por ejemplo, a los veinte anarquistas griegos detenidos por ocupar la embajada de España en solidaridad «con Cataluña» (sic).

Lo que me preocupa, y es precisamente en este punto donde adquiere sentido lo que antes comentaba acerca de la necesidad de «alzar la vista», es que la contribución a los actuales enfrentamientos está dando alas al «auge de los nacionalismos», como ocurre en todos los choques entre nacionalismos, y augura un enfrentamiento entre trabajadores tanto dentro de Cataluña, como entre trabajadores de Cataluña y de otros lugares. Sin hablar del correspondiente «auge de la extrema derecha» que ya se viene observando de forma preocupante en diversos lugares de España. No es que haya que renunciar a luchar para no suscitar el auge de la extrema derecha, claro, pero lo que no conviene hacer es luchar en un escenario definido en claves nacionalistas porque eso sí que garantiza ese auge.

En estos momentos, las respectivas actuaciones de un Puigdemont que ayer dejó en el limbo la proclamación del nuevo Estado, y de un Rajoy que hoy pone en marcha, sin formalizarla, la suspensión de la Autonomía catalana, revelan la preocupación por no perjudicar los intereses de las grandes corporaciones, empresas o entidades financieras, y señala los limites que los dos gobiernos enfrentados no están dispuestos a transgredir. Eso se está traduciendo por una desescalada de la tensión, por la escenificación de un espectáculo de poses y de engaños, adornado con disparos de balas de fogueo. Hasta ahora la única sangre que ya se ha vertido, y que habría que evitar que se siguiera vertiendo, es la de «la gente de abajo» que se dejó arrastrar a participar en una partida orquestada y arbitrada por la clase política en función de sus intereses. Luchemos, sí, pero no en campos de batalla donde nuestros enemigos nos llaman a hacerles costado.


martes, 10 de octubre de 2017

Por la lucha de clases, contra la lucha patriótica



Ante el desconcierto de algunos libertarios al ver cómo el fervor patriótico ha sacado a la calle a algunos cenetistas para ir codo a codo y bandera con bandera junto a manifestantes nacionalistas, hemos de salir al paso para recordar que ningún país, nación o Estado nos hará libres, todo lo contrario. En este sentido, conviene rescatar parte del comunicado «CNT ante los nacionalismos», lanzado hace años y que para nosotros tiene total vigencia. «El concepto "nación" ha servido tan pronto para englobar como para independizar; "nación" o "patria" son ideas-fuerza que pueden ser empleadas en sentidos muy opuestos, avasalladores o emancipadores; lo que para unos es gallardo patriotismo, para otros es coactivo imperialismo centralista, lo que unos consideran separatismo antipatriótico otros lo tienen como la máxima afirmación de identidad nacional. La CNT es enemiga del concepto "patria" salvo cuando se le da el significado que le dio Malatesta "mi patria es el mundo".»

Para nosotros, un ejemplo de lo contradictorio que supone mezclar la lucha de clases con las aspiraciones patrióticas queda patente en lo que durante los últimos meses estamos viviendo en Cataluña. Somos testigos de que en su pretensión de «hacer país» la derecha burguesa de siempre y la llamada izquierda catalanista —incluso la que dice ser «antisistema»—, se están dando la mano para construir un nuevo Estado, el catalán, dándole a su vez la espalda a quienes prefieren seguir en el que ya existe, el español. Siguiendo con dicho comunicado, se recalcaba que la argumentación nacionalista es «pobre y obcecada: en último término sueñan con establecer otro Estado, con su ejército, su policía y sus gerifaltes, pero con bandera y nombre distinto». A estas alturas, cabe preguntarse, ¿dónde ha quedado la lucha de clases sino envuelta en trapos patrioteros?

Conviene aclarar que el hecho de que como anarcosindicalistas nos opongamos a cualquier nuevo Estado no supone, tal y como malintencionadamente se nos suele atribuir, que defendamos el ya existente. A quienes utilizan esa falacia habría que recordarles que durante la proclamación de la República Catalana de 1934 fue la militancia de CNT la que tuvo que recoger las armas que los patriotas catalanistas tiraban cuando el ejército entró en Barcelona sin apenas dificultad. ¡Y qué bien nos vinieron después para asaltar los cuarteles y hacer temblar a unos y otros demostrando la viabilidad de la autogestión y del comunismo libertario! Lamentablemente, ese ejemplo revolucionario fue aplacado por una Generalitat que veía con horror cómo los trabajadores controlaban la producción y por unos comunistas a quienes se les dejó hacer cuanto quisieron, por su papel contrarrevolucionario como «partido del orden» y a cambio de que la República consiguiera el apoyo soviético. Varias décadas después, parece mentira que estemos en una tesitura similar, aunque no del todo. Entonces, los anarcosindicalistas teníamos claro que nunca llegaríamos a ser libres sin tener antes el control de la producción. Ahora, parte de quienes así se autoproclaman lo han olvidado, propician que la clase trabajadora languidezca adoptando los mismos planteamientos de los sindicatos institucionalizados y junto con un amplio sector de la ciudadanía se deja arrastrar por lo que le dicten los distintos «medios de intoxicación» en función de sus intereses. Y es que cuando se convocan paros patrióticos sufragados por la Administración y los comerciantes, cuando se reconduce la lucha popular hasta aplacarla en el Parlament vía urnas o cuando quieren que escojas entre distintos trapos patrioteros, algo falla.

Tampoco nos convencen los argumentos de ciertos anarquistas de que no nos podemos quedar al margen del proceso social y político en curso, pues, a nuestro entender, esto significa una adhesión acrítica a planteamientos que nada tienen que ver con la emancipación de los trabajadores por la simple voluntad irreflexiva de «hacer algo» [?]. Hay que valorar y sopesar en qué iniciativas concretas se participa y por qué, sin caer en el «movimiento por el movimiento».

En CNT Cataluña, a pesar de todo, seguimos teniéndolo claro. Siempre estaremos por la lucha de clases, nunca con la lucha entre trabajadores por unos motivos patrióticos que sólo benefician a los gobernantes deseosos de tapar sus tufos y continuar con sus privilegios.

Salud y revolución social



*Esta CNT catalana no es la Regional de CNT, es una excisión.

miércoles, 4 de octubre de 2017

La muerte del anarquismo en Barcelona bajo la lluvia



Por ABUY NFUBEA

Llueve mucho, acabo de volver del colegio electoral de Gracia y del set de prensa improvisado donde la fiesta continúa. En la mañana fui al colegio electoral del Mercat de Sant Antoni y lo que he visto allí no me ha gustado. Gente con pinta de robocops golpeando a mujeres, niños y ancianos por gente inocente mientras los verdaderos responsables siguen tranquilos. Creo que era la imagen buscada y parecia más la época de los gobernadores civiles. Como decía Marthin Luther King: «La última debilidad de la violencia, es que ésta es un espiral descendiente, procreador de la destrucción de cada cosa que ve. En vez de desvanecer al diablo lo multiplica. A través de la violencia, pudieses asesinar al mentiroso, pero no puedes asesinar la mentira o establecer la verdad. A través de la violencia pudieses asesinar el que te odia, pero no asesinar el odio. De hecho, la violencia meramente engrandece el odio. Retornando violencia con violencia se multiplica la violencia, añadiendo una profunda obscuridad a la noche que de por si ya está desprovista de estrellas. La obscuridad no nos puede sacar afuera de la obscuridad, solo la luz lo puede hacer. El odio no nos puede sacar el odio, solo el amor lo puede hacer».

Ahora pienso que esta fisura por tanta violencia policial no se superará y eventualmente cuanto más se tarde más crecerá la legitimidad del separatismo y los actos de violencia. En la Guinea Ecuatorial de Obiang sí, pero en la  Europa de Cristiano y Messi, las imágenes son infumables.

El gobierno debe abandonar el miedo a la secesión que no puede confundirse con el miedo a un ejercicio democrático como el voto. Este miedo es falso. Rajoy con su mayoría debe convocar un referéndum ya, y pactar el porcentaje que legitimaría el SÍ. Y que voten hasta los ácratas y los migrantes sin papeles, estableciendo un tiempo de 5 décadas para el próximo referéndum. Porque si es verdad que los catalanes que no quieren la independencia son mayoría, pues que se les permita expresarlo y creo como muchos que el referéndum saldría el NO, pero tiene que celebrarse. ¡Todos los catalanes, no solo los indepes, tienen derecho a expresar su opinión y decidir su futuro. El Estado como hizo también Cameron debe movilizar a las bases del NO que en Cataluña van mucho mas allá del PP y los charnegos para evitar que estas imágenes tan fuertes se repitan.

Quisiera pensar que el gobierno tiene una estrategia. Sino es así , es un gran error de Rajoy porque esas personas agredidas y detenidas tienen nietos… y eso serà la literatura del victimismo en los próximos meses había que evitar ese grado de violencia que precipita las decisiones difíciles y esta violencia viene a demostrar a algunos que iban a votar NO, que ya tienen una razón mas —no la única— para votar ahora SÍ. Y si seguimos de esta manera, se profundizará en la crisis del Estado, el SÍ ganará la batalla de la legitimidad y mediante la violencia del Estado, le pondremos en bandeja a Puigdemont, una mayoría absoluta en las próximas elecciones que ni tiene ni se merece.

Que el referéndum fuera ilegal y que se haya tomado la via unilateral, mandando a tomar por saco el mismo ordenamiento jurídico que se invoca para la secesión, no justifica no profundizar en búsqueda de soluciones para la reconciliación desde el diálogo. Porque la Constitución española reconoce el derecho de un referéndum pactado. Y sólo en las repúblicas o monarquías bananeras hacen caso omiso de lo que dicen su Carta Magna. En ese sentido este referéndum podía haberse celebrado pactado y salir NO. De paso reforzar al PP de Cataluña que es marginal social y electoralmente.

Veo demasiada torpeza por parte del Gobierno de España en todo esto, ante la imposibilidad de abrir un escenario de diálogo y dirimir las diferencias políticas hace rehén al gobierno de su propia incapacidad. Todavía estamos a tiempo. ¿Y ahora qué? El tema era evitar lo que estamos viendo ahora en Gracia y gran parte de la responsablidad (no la culpa) la tienen los catalanes-unionistas que siguen en sus casas sin salir a defender su derecho a votar NO y esa es la razón de que los indepes sean o parezcan hegémonicos en las calles, medios e instituciones. Rajoy debe convocar urgentemente un referéndum sin miedo y que haya posiblidad de que TV pública permita hablar también a los catalanes no separatistas. Porque la cantidad de gente que he visto gritando «votarems» y cánticos propios del Movimiento de Derechos Civiles, me reafirma en la idea de que la única forma de tumbar el separatismo es en las urnas, cómo ha hecho Gran Bretaña con Escocia.

Un axioma que he escuchado hoy, incluso a su excelentisimo sr. D. Juan Tomas Ávila Laurel, magnifico escritor, conde y duque de Annobon, ha sido: todo aquel que no abogue por la separación es un fascista, por tanto la pregunta es: ¿todos los catalanes que quieren que se hagan reformas para seguir unidos con España son fascistas?. Y la segunda más grave, que quizás explique la segunda y cuyo fenómeno debemos analizar sin hacer una tesis doctoral, es: ¿Hemos asistido hoy a la muerte y entierro social e ideológico del anarquismo en Barcelona?.

El 19 de julio de 1936 cuando la sublevación llegó a Barcelona, al mando de los generales Llano de la Encomieda y Goded. En las calles los anarquistas de Defensa Confederal tomaron la iniciativa enfrentándose y derrotando al Ejército. Echaron a los golpistas del Hotel Colón, Ritz y la Telefónica. Aplastaron el levantamiento desarmando a las milicias falangistas y a los insurrectos, fieles a su doctrina de ni dios ni amo, lejos de declarar el estado catalán como hizo Maciá y quiere hacer ahora Puigdemont, proclamaron la Revolución Social que instauró la colectivización en la industria y los servicios. Hoy el anarquismo ha muerto a manos de la herramienta epistemica y discursiva principal que es el catalanismo. El catalanismo (que hasta ahora no era necesariamente independentismo) de la mano cómplice de la izquierda se ha convertido en el campo político hegemonico en Cataluña con una gran habilidad y capacidad de situarse como referencia única y fáctica con un discurso potente así como una constante presencia en los debates, dominio del espacio publico y sobre todo marca, elabora y fija el discurso mediatico. Cualquiera que pretenda un mínimo de autoridad y legitimidad en la gestión publica o privada, debe asumirlo. Ese fue al menos la conclusión a la que llegaron los partidos de izquierda que historicamente han representado a las aspiraciones de los charnegos, catalanes no-independentistas (PSC-ICV-Podemos, COMUNES), una izquierda cuyo principal objetivo es ser catalanista o ser suficientemente nacionalista. Desistiendo de la labor de dar soluciones sociales cercanos de los problemas de la gente. Y no se trata de ser antinacionalistas como cierta opinión publica de Madrid, sino de ser socialistas. Al mismo tiempo que la derecha catalana CiU, herdera de Cambó y la Lliga pactaba transferencias de responsablidades con todos los gobiernos del PP era la época de las vacas doradas de España, bien de Jose Maria Aznar y Mariano Rajoy en Madrid.

Esta histeria compulsiva llevó al PSC-ICV a tratar de disputarle el espacio històrico del nacionalismo a CiU, ERC, CUP. El 'Procés' ha puesto a la izquierda en crisis y la consecuencia es que al igual que ya no se distingue en su discurso las CUP de CNT-UGT-CCOO —ya no se diferencian en sus politicas—. El PSC-COMUNES-ICV-IU, a las del nacionalismo catalanista que son vistos por los herederos de esa revolución social libertaria, muchos de ellos charnegos de Estopa o El último de la fila, como algo confuso, difusa y profusa: lo que explica el éxito inicial de Podemos en Cataluña, (antes de que Albano se alineara con el 'Proces'), cuando Pablo Iglesias enarboló la bandera negra de Durruti poniendo como cuestión principal, lo social.

La acracia por su tremendo testimonio constituyó desde siempre una romántica esperanza no sólo por su radicalidad, sino por su coherencia de una militancia que toma partido sin partidos, pero que nunca abandona la pretensión de que la conciencia fueran capaz de presentar resistencia al borreguismo. Hoy no está, ni se la espera o en el mejor de los casos está hace tiempo en las CUP. Pasé por la Plaza de Sant Pere, y vi a libertarios de toda la vida, hablo de militantes honrados y honestos que en más de mil batallas se han batido contra la injusticia en la Transición, los encierros del 2001 o el 15-M, les vi marchando bajo la lluvia, sin fusil, pero con un teléfono smartphone. Muchas eran mujeres, pero ninguna me preguntó por esas negras, indias y moras, dominicanas, colombianas, ecuatorianas o marroquíes ‘esclavizadas’ laboralmente sin contratos cobrando salarios por debajo del mínimo establecido. Ni me hablaron de Tanquem els CIEs, y mucho menos de recoger firmas por la estatua de Arcelin ni de el último mantero senegalés que los Mossos lanzaron por la ventana de su casa o de Aliu Djob… Portaban esteladas, con un estado de euforia general y lo más fuerte: exigiendo el ejercicio del derecho de la sociedad burguesa al voto. Y no para destruir el Estado, todo lo contrario, sino para construir otro Estado, en este caso el Estat Català, que nisiquiera pudo hacer Francesc Macià… ¿Si Buenaventura Durruti, Federica Montseny, Ascaso levantaran la cabeza y lo vieran?, fliparian en colores.

01/10/2017

martes, 3 de octubre de 2017

Comunicado del colectivo AMOR Y RABIA ante el conflicto actual

  [Alguien comentaba que el lugar de los anarquistas es estar siempre con el pueblo; cuando se le inquirió qué si el pueblo quería un dictador, respondía que nuestro deber debería ser avisar del error e intentar mitigarlo. Algo parecido han querido hacer humildemente desde AMOR Y RABIA con nuestros compañeros 'libertarios' que se han dejado arrastrar por los recientes acontecimientos, alentados por unos políticos con intereses oligárquicos contrapuestos a los del pueblo que dicen representar...]


1) Denunciamos sin matices la brutal intervención policial ordenada por el Gobierno central —con el apoyo de PSOE y Ciudadanos— y que sólo sirve a los intereses electoralistas del PP y de JxSí.

2) Rechazamos por completo apoyar un «Procés» puesto en marcha y dirigido por una casta política tan corrupta y represora como la gobernante desde Madrid y los partidos que les apoyan.

3) Recordamos como parte del Movimiento Libertario que el objetivo del anarquismo es un mundo sin clases ni fronteras, basado en la democracia directa y la igualdad.

Lo que está pasando en Cataluña es justo lo contrario: interclasismo y apoyo a un Govern neoliberal que está instrumentalizando el descontento social para sus intereses en nombre de un falso bien común, así como a la creación de un nuevo Estado en manos de los que en su día apoyaron el llamado Régimen del 78. El fin de la globalización neoliberal está dando paso a un proteccionismo de cariz identitario.

Desde AMOR Y RABIA vemos como algo fundamental combatir el capitalismo y concentrar nuestras fuerzas en combatir la sociedad de clases, centrando nuestras actividades en la cuestión social en lugar de la «cuestión nacional», que nos convierte en peones de las luchas internas de las diferentes oligarquías.

«Cambiar de amos no es lo mismo que emanciparse de ellos.»
JOAN PEIRÓ

viernes, 29 de septiembre de 2017

Derecho a decidir, sí, pero en todo


Por OCTAVIO ALBEROLA

Así de claro, el «derecho a decidir» de los pueblos es, debería ser, un derecho real e inalienable para que los «pueblos» puedan decidir lo que quieren ser y cómo quieren serlo. Pero también es o debería ser el derecho a decidir de cada uno de sus miembros, de todos los «ciudadanos», en todo lo que les (nos) concierne. El derecho a decidir debería ser un derecho que deberíamos poder ejercer todos y todas en todo momento; pero no es así, la existencia del Estado lo impide y solo lo permite ejercer cuando es él quien lo decide. Es decir: solo cuando y para lo que le conviene… Y eso es así y vale tanto para el Estado español como para el catalán, ése que quieren constituir los que reclaman el «derecho a decidir» solo para tal objetivo. Los explotados y dominados catalanes y españoles, como los de todo el mundo, deben, debemos luchar para poder ejercer ese derecho en todo momento y sobre todo lo que nos concierne; pues, solo luchando por conseguirlo, nuestra lucha —contra la explotación y la dominación de que somos objeto en Cataluña, España y en el mundo entero por las burguesías nacionales vinculadas mundialmente— será eficaz. 

Los explotados y dominados, seamos de donde seamos y estemos donde estemos, no debemos olvidar que el objetivo de nuestra lucha es poner fin a la explotación y la dominación de que somos objeto, y que, venga de donde venga, solo uniéndonos podremos ponerle fin. No debemos olvidar, pues, que la unión es necesaria para poder conseguirlo, y que por ello tampoco debemos olvidar lo que sucedió en el pasado, cada vez que los explotados y dominados se unieron a sus explotadores y dominadores para defender el mito de la patria común. No olvidar lo que entonces sucedió: que la Patria no era la misma para unos y otros, que la unión de los explotados y dominados con sus explotadores y dominadores solo sirvió y sirve para perpetuar la explotación y la dominación. No debemos olvidar esa lección de la historia: que la emancipación de los explotados y dominados solo puede ser la obra de ellos mismos. Que las clases existen y la lucha de clases continúa, aunque en esa guerra sea —por el momento— la clase explotadora la vencedora…

Y esto es lo que debemos considerar en el caso de la consulta que el gobierno burgués catalán está promoviendo para decidir la «independencia» de Cataluña con respecto a España; pues, más allá de lo anecdótico, salir de la Monarquía, la República catalana seguirá siendo tan capitalista neo-liberal como lo es la España monárquica. Una vez más, la verdadera cuestión, para los explotados y dominados, es no caer en la trampa en la que nos quieren hacer caer y encerrar las burguesías española y catalana. Pues es obvio que lo único que verdaderamente cuenta para ellas es la continuidad del sistema de explotación y dominación de los trabajadores y trabajadoras en el planeta. Este sistema que, además de acrecentar las desigualdades en el mundo, lo está volviendo cada vez más impropio para la vida.

Así pues de claro: libertad para decidir; pero sobre todo lo que nos concierne, no solo sobre lo que deciden y quieren los que mandan y nos explotan. Derecho a decidir, sí; pero, para todo, en todo momento y para todos y todas. Me sumo pues a esto que ha escrito la directora de cine catalana Isabel Coixet: «Este no es el momento de crear más fronteras, ni muros ni barreras. Este, quizás más que nunca en la historia, es el momento de tender puentes, de centrarnos en las cosas que tenemos en común, de solventar las diferencias y las injusticias con auténtica y genuina voluntad de diálogo, de enfrentarnos juntos, todos los europeos en un marco federal, sin distinciones de pasaportes, a los desafíos de un mundo descabezado, convulso, ardiente, complejo y terrible. Es el momento de dejar de estar absortos en nuestro ombligo y de elevar la vista más allá de los límites de lo que consideramos nuestro, más allá de nuestras banderas —por mucho que las amemos—, nuestros agravios —por muchos que tengamos—, nuestro pasado. Yo no poseo demasiadas certezas, pero he vivido lo bastante para saber que construir, sumar y amar siempre es infinitamente mejor que destruir, restar y odiar».

Yo tampoco poseo demasiadas certezas; pero he vivido lo bastante también para saber que solo se podrá construir un mundo de igualdad y libertad con los y las que no quieran explotar ni dominar.

(septiembre 2017)